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DE COMPRAS EN IRÁN
Irán cuenta con un abanico sumamente amplio de productos artesanos que no se limitan a las típicas alfombras por todo el mundo conocidas. En la práctica totalidad de las provincias existe una artesanía nacional y otra local. Obviamente, de obligada compra son las alfombras, en la que el viajero puede gastarse desde una cantidad modesta hasta una auténtica fortuna, todo es cuestión de gustos... y de bolsillos. El turista puede adquirir un kilim, que los hay de todos los tipos y dibujos y que difieren entre una región y otra, y dependiendo si están hechos en una fábrica o tejidos por las delicadas manos femeninas de una nómada, que a veces utilizan este recurso para ganarse la vida o simplemente un dinero extra. Por ejemplo, las nómadas tejen un tipo de alfombra pequeña o “qali” llamado “Yayim” que es mucho más ligero y suave que el kilim ordinario. Además de las típicas de lana o seda, existen también otros tipos de alfombras elaboradas con pelo de cabra. Las tres provincias en las que se fabrican la mayoría de las alfombras y kilims son Isfahán, Jorasán y Azerbaiyán este. En cuanto a la artesanía en general, Isfahán se considera el centro artesanal por excelencia, y su fama en este sentido ha traspasado las fronteras. En Isfahán podemos comprar objetos metálicos repujados, taracea, platería, jatamkarí —una especie de dibujos hechos a base de huesos sobre madera—, manteles estampados (qalamkarí) etcétera. Estos objetos de artesanía pueden también adquirirse en cualquier parte del país, pero todos vienen de Isfahán. No será muy difícil encontrar el regalo o el recuerdo que satisfaga plenamente el gusto de cada persona. Lo que sí recomendamos es no comprar nunca y bajo ningún concepto, animales disecados o vivos, conchas de tortuga, pieles de felinos, corales ni ningún otro producto en el que para elaborarlo haya sido preciso matar un ser vivo (obviando los de piel) y objetos de más de 50 años de antigüedad. Entre los productos iraníes más apreciados por los visitantes extranjeros están las cerámicas, kilims, alfombras, miniaturas, artículos de piel, pistachos, dátiles, azafrán, turquesas, telas estampadas, vajillas de latón esmaltado, dulces, cobre repujado, etc. La lista podría hacerse más extensa, pero creemos que es el propio viajero el que ha de ir descubriendo los objetos más interesantes a su alcance.
KilimsComo dijimos, son parecidos a las alfombras, pero bastante más baratos. La diferencia es que en la trama no hay nudos. Tienen colores muy vivos (actualmente se emplean preparados sintéticos). Son muy vistosos los que se venden en el bazar de Tabriz, tejidos con pelo de cabra.
Tipo de kilim iraní. Fot. de http://www.rugmerchant.us/ MiniaturasUna de las artes más preciosistas. Antaño estas pinturas iluminaban los libros manuscritos y también las paredes de los palacios reales, ahora son una de las pequeñas joyas que se pueden adquirir. Suelen estar pintadas sobre hueso, sus colores brillantes y su extremo detallismo incluso obliga a veces a tirar de la lupa para apreciar todos los pormenores. Isfahán, y en concreto en los alrededores de la plaza de Imán, se encuentran los mejores artistas.
Artículos de pielEn las tiendas de la avenida Vali Asr y en los mejores hoteles de Teherán podemos comprar excelentes chaquetones, bolsos y zapatos, realizados en piel de primerísima calidad. En los mejores establecimientos encontraremos diseños actuales. Los precios son entre un 50 % y un 70 % más baratos que en España.
Tejidos estampados (qalamkar) Son telas de algodón de gran superficie y completamente decoradas con motivos florales, parecidos a los que encontramos en las alfombras. Son muy populares y las mejores las podremos adquirir en los bazares de Shiraz e Isfahán.
CaviarLa venta de las huevas de esturión es un monopolio estatal, sólo lo podemos comprar de forma oficial en las “Iran Fisheries Stores” y en la tienda “duty free” del aeropuerto.
AlfombrasDiseñadas y tejidas por gentes anónimas, muchas veces por nómadas, las alfombras son las más arrebatadoras y excitantes obras de arte que ha sabido dar Oriente al mundo entero. La palabra farsh (alfombra) significa “extender”. Se relaciona con la primitiva función de las esteras para ser extendidas en el interior de las tiendas de campaña de los nómadas. Se elaboraron con bambúes y tallos de plantas, luego cubrían ese tejido vegetal con pieles de animales. El siguiente paso fue buscar una cobertura más cómoda y aislante, para ello se empezó a entrelazar las lanas de animales. El arte de tejer alfombras existe en Irán desde fechas remotas. La primera evidencia palpable es la alfombra Pazyryk, descubierta en una sepultura de los monjes Altai, en Siberia. La alfombra mide 200 x 183 cms. y tiene 360.000 nudos m2, se conserva en el museo Hermitage de San Petesburgo. Fue confeccionada 500 años antes de nuestra era en el oeste o sur de Persia. Desde la alfombra Pazyryk hasta hoy el arte de la alfombra ha evolucionado mucho. Los hitos que han marcado el crecimiento ascendente de las alfombras son bastante coincidentes a los momentos de pleno desarrollo de las culturas autóctonas persas. Los mongoles y timúridas (siglos XIII-XV) relanzaron la producción con modelos más suntuosos y de excepcional maestría. Desde entonces, las alfombras persas han sido consideradas como objetos de lujo en todo el mundo. El mercado valora mucho más las alfombras antiguas, pero las que hoy se fabrican con métodos tradicionales son superiores a las que se hacían hace un siglo o dos. El secreto está en la calidad de las lanas y sedas utilizadas, más finas que en tiempos pretéritos, lo que permite hacer nudos más pequeños. No es raro encontrar en cualquier tienda de Teherán o Isfahán, alfombras de seda con 200 nudos el cm2.
La calidad de una alfombra se calcula a partir de muchos parámetros y hay que ser un especialista para poder diferenciar las escuelas, procedencia y antigüedad. La cantidad de nudos por centímetro cuadrado es uno de los principales indicativos de la sutileza y detalle del dibujo, cuantos más nudos más se valora la alfombra. Los diseños se basan en una serie de dibujos estándares, los más comunes son: el floral, floral Shah Abbas, arabesco, jarrones, nichos de oración, limón triangular, corazón, reyes y nobles, flor europea, rayado, pez y árboles. Sobre esta base aparecen infinidad de variaciones, algunas tendiendo a lo abstracto, figurativo o geométrico. Los mejores lugares para comprar se encuentran en Teherán e Isfahán. Los precios varían en función de la antigüedad, el tamaño, el número de nudos, el material y el tinte. Las más caras son las antiguas. Una alfombra del siglo XIX puede costar fácilmente más de 6.000 euros. Después, las más caras son las de seda (una pieza de 40 x 60 cms., con tintes naturales, puede valer más de 200 euros). Los vendedores conocen muy bien su trabajo. Nunca nos van a engañar respecto a la calidad de un producto, pero son unos auténticos “cracs” de su oficio y son capaces de vendernos aquello que no necesitamos y que ni tan sólo habíamos pensado comprar. Hay que regatear, puede bajarse el precio inicial entre el 20 y el 30 %. Si uno no tiene suficiente dinero en metálico (dólares o euros) o no lleva tarjeta de crédito, suelen fiar, incluso tratándose de cantidades elevadas. Una vez de regreso en nuestro país basta con poner un giro bancario. En el certificado de garantía ha de figurar el nombre del taller artesano, la calidad (si es algodón, lana, seda o mixta); si los colores son naturales o químicos y el tipo. Junto con el certificado emiten la factura, y los avispados vendedores ponen siempre muchos menos dólares que el valor real, lo hacen para rebajar los aranceles si nos las pillan en la aduana de nuestros respectivos países. Por la aduana iraní no pueden exportarse más de 12 m2 de alfombra por persona. Aviso de Copyright © 2007, IRNA (Agencia de Noticias de la República Islámica de Irán). Prohibida la reproducción total o parcial del texto sin la mención de su fuente. |